El loco de la calle

 

Aquí en Yungay hay un joven como de mi edad que a mi parecer sufre de esquizofrenia severa; tiene el cabello y la barba largos, viste con ropa gastada holgada; deambula las calles del centro buscando a alguien, me cuentan que busca un amor del pasado que perdió y ello fue desencadenante de su mal, ¿o es un bien?

Él vive cerca de la escuela de policías, al menos de ahí lo he visto salir a las calles; no trabaja, me dicen que terminó su secundaria por lo que sabe lo básico de la educación; de seguro algún pariente suyo que se apieda de él, quizá sus padres o hermanos, lo mantienen y le dan de comer; pero en ocasiones mendiga.

Toda la pandemia la pasó sin mascarilla, está fuera del sistema. Habla solo cosas sin sentido, y a veces habla con los demás, para él es igual.  

Me hace recordar su estilo de vida algo a Diógenes el Cínico, quien a diferencia de él sí estaba cuerdo pero deambulaba las calles de Corinto apartado del sistema social.

El 2011 comenzaron mis problemas psiquiátricos, recuerdo que en aquel año me rondaba en la cabeza la idea de dar rienda suelta a mi locura y volverme un vagabundo, un loco de la calle.

Hasta hoy me ronda la idea por la cabeza, será que en realidad el sistema de la vida me parece tan nauseabundo que la mejor opción es volverse loco y salir del sistema.

Diógenes hizo eso, hasta el mismo Alejandro Magno lo admiró, es que hay que tener los huevos bien puestos para salir del sistema y vivir sin nada pero ser dueño de todo a la vez, en cambio Alejandro lo tenía todo pero nada era suyo. 

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