Poema: Piedra Preciosa
Lo supe desde que vi la ternura de tus días, o quizá fue el movimiento dulce de tu cintura. Un relámpago atravesó mi cabeza y mi bombo tocó canciones africanas, rápidamente supe que amaría las curvas de tu velo las cuales te gusta alisar. De repente me di cuenta que una idea era mejor que yo y luchabas conmigo para que calze en ella. Estuve a tu lado cinco veranos y un otoño pero el invierno cayó y no hubo más primavera. Supe que la historia se había acabado y yo me quedaba con el ritmo de tus caderas, más yo fui el primero en explorar la inocencia de tu ombligo, a dónde tú ibas, yo con espada y escudo aparecía, y no dejaba que ningún ave te observe. Raro fue mi actuar y ello te causó pesar y te marchitaste de tanto mimo. Chirimoya s empaletadas y crujientes picantes nos llovían en el vientre, entonces me ocultaste en tu alcoba y el secreto cobró forma de dos gatos sin techo. Nadie sabrá que en la tierna mocedad se puede amar como una doncella ama a su demonio perro,...