Poema III

 

El paraíso, ¿Cómo es ese lugar?

Al respirar y hacerse uno con el viento, contando lo latidos, sintiendo el cuerpo ligero, la mente navega lento por el mar de la consciencia; entonces uno ríe como loco sin freno pero sin hacer ninguna mueca.

Al saber que el manto de la muerte es eterno y envuelve el alma como el aire envuelve las flores del campo, a veces verde otras mostaza; y sin embargo el dulce sueño impulsa la brisa del tiempo y la buena vibra.

Al hacerse ave sin serlo, al trinar en alabanza al perpetuo, al hacerse cenizas y brotar denuevo como lobezno, al crujir los dientes, al gruñir, al engullir al cordero, ese es el paraíso.

En lo salvaje del ser existe el secreto, en el manantial de la vida hay peces que enseñan maestría sin título. 

Cada paso, cada observación en silencio, cada corazón en fiesta y sin aliento... entonces el paraíso te absorbe y te penetra por los poros y sudas alegría y llanto y amargura.

Es la flor del campo, la única flor, la que baila, se marchita y vuelve a crecer, la que habita por siempre en ese lugar.

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